Es historia viva de los genios, de las manos cansadas, de la inquietud por crear arte desde lo más hondo de las entrañas.

A partir del momento en que adquirió su primer caballete y sus primeras pinturas, su evolución artística no ha dejado de progresar, llamando poderosamente la atención su portentosa creatividad y su don innato para plasmar sentimientos en el blanco lienzo. Prácticamente su evolución estilística y temática dibuja un conmovedor itinerario en el que asombra la facilidad que tiene para plasmar los más variados temas. En medio de torrentes de luz y color incesantes es posible detectar una constante que se repite siempre, la sensibilidad por transmitir lo que la artista siente en el momento de crear sus obras, parece vivir en la obsesión dolorosa de una mujer de dar sin recibir nada a cambio, observar sus obras es ver la libertad de creer en el amor, en la belleza, en la paz, en la luz y en los sentimientos callados…

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